Nuevas pruebas de la campaña sistemática de crimenes contra la humanidad.

Escrito por el 19 mayo, 2018

My World Is Finished’ Rohingya Targeted in Crimes against Humanity in Myanmar describe cómo las fuerzas de seguridad de Myanmar están llevando a cabo una campaña sistemática, organizada y cruel de violencia contra el conjunto de la población rohingya en el norte del estado de Rajine, después de que un grupo armado rohingya atacara unos 30 puestos de seguridad el 25 de agosto del año pasado.

Decenas de testigos presenciales de la violencia más grave señalaron invariablemente a unidades específicas, entre ellas el Mando Occidental del Ejército de Myanmar, la 33ª División de Infantería Ligera, y la Policía de Fronteras.

“En esta campaña orquestada, las fuerzas de seguridad de Myanmar han emprendido una brutal venganza contra toda la población rohingya del norte del estado de Rajine, en un aparente intento de expulsarla permanentemente del país. Estas atrocidades siguen alimentando la crisis de refugiados más grave vivida en la región desde hace décadas”, ha manifestado Tirana Hassan, directora de Respuesta a las Crisis de Amnistía Internacional,

“El sacar a a la luz estos atroces crímenes es el primer paso en el largo camino hacia la justicia. Los responsables deben rendir cuentas; el ejército de Myanmar no puede limitarse a barrer bajo la alfombra las graves violaciones de derechos humanos cometidas anunciando otro simulacro de investigación interna. El general Min Aung Hlaing, comandante en jefe de las fuerzas armadas, debe emprender acciones inmediatas para impedir que sus tropas cometan atrocidades”.

Los relatos de testigos presenciales, las imágenes por satélite y las pruebas fotográficas y de vídeo reunidas por Amnistía Internacional apuntan todos ellos la misma conclusión: cientos de miles de mujeres, hombres, niños y niñas rohingyas han sido víctimas de ataques generalizados y sistemáticos que constituyen crímenes de lesa humanidad.

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional enumera 11 tipos de actos que, cuando se cometen deliberadamente durante ese tipo de ataques, constituyen crímenes de lesa humanidad.

Amnistía Internacional ha documentado constantemente al menos seis de estos actos en medio de la actual oleada de violencia en el norte del estado de Rajine: asesinato, deportación y desplazamiento forzado, tortura, violación y otro tipo de violencia sexual, persecución, y otros actos inhumanos como negar el alimento y otros suministros necesarios para la vida.

Amnistía Internacional documentó sucesos en cinco de esos poblados, en los que murieron al menos una docena de personas: Chein Kar Li, Koe Tan Kauk y Chut Pyin, todos ellos en el municipio de Rathedaung, e Inn Din y Min Gyi, en el municipio de Maungdaw. En Chut Pyin y Min Gyi, la cifra de muertes fue especialmente alta: allí murieron a manos de las fuerzas de seguridad de Myanmar decenas, como mínimo, de mujeres, hombres, niñas y niños rohingyas.

Violaciones y otros actos de violencia sexual.

Amnistía Internacional entrevistó a siete rohingyas supervivientes de violencia sexual a manos de las fuerzas de seguridad de Myanmar. De ellas, cuatro mujeres y una niña de 15 años habían sido violadas, cada una en un grupo diferente en el que había entre dos y cinco mujeres y niñas más que también habían sido violadas. Las violaciones tuvieron lugar en dos poblados que la organización había investigado: Min Gyi, en el municipio de Maungdaw, y Kyun Pauk, en el municipio de Buthidaung.

Tal como ya habían documentado anteriormente Human Rights Watch y The Guardian, después de entrar en Min Gyi (conocido localmente como Tula Toli) la mañana del 30 de agosto, los soldados de Myanmar persiguieron a los rohingyas que huían hacia el río, y luego separaron a los hombres y los niños más mayores de las mujeres y los niños más pequeños.

Tras abrir fuego contra al menos decenas de hombres y niños más mayores y ejecutarlos, al igual que a algunas mujeres y niños más pequeños, los soldados llevaron a las mujeres en grupos a casas cercanas donde las violaron, antes de prender fuego a esas casas y a otras partes rohingyas del poblado.

“A todas las mujeres las desnudaron […] [Los soldados] llevaban palos de madera muy fuertes. Primero nos golpearon en la cabeza, para debilitarnos. Luego nos golpearon [en la vagina] con los palos de madera. Después nos violaron. Un soldado diferente para cada una.”

Tras violar a mujeres y niñas, los soldados prendieron fuego a las casas, y mataron a muchas de las víctimas que estaban dentro.

“Es hora de que la comunidad internacional vaya más allá de la indignación pública y tome medidas para poner fin a la campaña de violencia que ha expulsado de Myanmar a más de la mitad de la población rohingya. Mediante la interrupción de la cooperación militar y la imposición de embargos de armas y de sanciones específicas a las personas responsables de los abusos, hay que transmitir un mensaje que indique claramente que los crímenes de lesa humanidad cometidos por el ejército en el estado de Rajine no se tolerarán.”

“La comunidad internacional debe garantizar que la campaña de limpieza étnica no alcanza su meta ilegal y censurable. Para ello, debe combinar dos actuaciones: por un lado, fomentar y apoyar a Bangladesh para que proporcione condiciones adecuadas y asilo seguro a las personas refugiadas rohingyas; y por otro, garantizar que Myanmar respeta el derecho humano de estas personas a regresar a su país de manera segura, voluntaria y digna, e insistir en que se pone fin, de una vez por todas, a la discriminación sistemática contra los rohingyas y a otras causas fundamentales de la crisis actual.”

Más de 400.000 niños Rohingya necesitan apoyo psicosocial para superar el trauma vivido. Desde finales de agosto,  671.000 personas de la comunidad Rohingya, de los que más de la mitad son niños, han tenido que huir de una violencia brutal en Myanmar. Llegan a Bangladesh traumatizados tras un peligroso viaje para vivir en casas de plástico y palos, sin acceso a agua, salud ni ningún otro servicio básico, por si fuera poco, llega la época de ciclones y lluvias torrenciales, que pueden dejarles sin alimentos ni agua para beber y provocarles enfermedades como el cólera. En UNICEF trabajan para proporcionarles refugio, alimentos, agua potable, saneamiento y atención médica.

Fuentes.

www.unicef.es

https://www.es.amnesty.org                                                                           “yfmradio” 


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